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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 01/10/2004

 

 

 

 

Alberto Cañas

 

 

 

 

 

En el girar de la rueda de la historia, inmensa y arrolladora, ha habido, hay y siempre habrá seres necesarios, imprescindibles.

Alberto Cañas, entrañable don Beto, su voz en ronca cascada anuncia opiniones sobre todo el espectro posible de temas, siempre enfáticas, subordinadas a su saber culto -la ironía nace siempre del mejor saber, como Wilde - y a sus indoblegables principios. Él y sus labores han sido condición necesaria en la constitución de la Costa Rica política y cultural que viene desde los años cuarentas y llega a nuestros días. Y allí entran sus triunfos y fracasos.

 

Desde esos primeros días, hombre de letras y de acción, el replicador más rápido de toda la comarca -y como tal temido y respetado- con su voz áspera, y su verbo fluido e irreverente.

 

 

 

 

 

 


Don Beto nació el 16 de marzo de 1920; cursó la secundaria en el Liceo de Costa Rica y posteriormente estudió Derecho en la naciente Universidad de Costa Rica, donde se graduó en 1944. Desde su infancia, devoró la literatura de aventuras de Dumas, Verne y Salgari, y a los realistas del siglo XIX: Dickens, Balzac, Pérez Galdós. Siendo estudiante universitario y luego director de Surco -órgano del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales-, se opuso a la política electoral de Rafael Ángel Calderón Guardia y de su sucesor Teodoro Picado. Tras la guerra civil de 1948, fue embajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas, secretario a. i. de la Junta Fundadora de la Segunda República y miembro fundador de Partido Liberación Nacional, el cual abandonó en el 2001.

 

En las siguientes décadas, Cañas llevó de la mano sus tareas políticas y periodísticas: entre las primeras, fue viceministro de Relaciones Exteriores (1955-56) y nuevamente embajador (1956-58), dos veces diputado (1962-66 y 1994-98) y, su labor más recordable, el primer Ministro de Cultura, Juventud y Deportes en 1970. En tanto periodista Cañas fue director del Diario de Costa Rica y de La República, editor en Excelsior, columnista en La Nación, La Prensa Libre y el Semanario Universidad, y profesor universitario.

 

 

 

 

 

 

Aunque Cañas empezó como poeta en Elegía inmóvil (1946) y ensayista en Los 8 años (1955), el reconocimiento como escritor le llegó en los años sesentas como dramaturgo y narrador. Ejemplos del primer oficio son En agosto hizo dos años (1968), La Segua (1974), Uvieta (1980) y Oldemar y los coroneles (1983); en tanto narrador hay que destacar novelas como Feliz año, Chaves Chaves (1974), Una casa en el Barrio del Carmen (1976) y Los molinos de Dios (1992).

Pero acaso las mejores páginas de don Beto se encuentran en sus libros de relatos: Los cuentos del Gallo Pelón (1980), Crisantema (1990) y en sus chisporroteos que en la prensa costarricense igual se ocupan del cine como de la política. Allí se expresa mejor su decir agudo y apurado, en esos cuentos "nerviosos y breves, salidos del instante", como los describió Carlos Cortés, en su capacidad para tomar una posición, cosa tan difícil, y defenderla con agilidad e ingenio.

 

"Escribo porque me gusta, como una gran afición, como un modo de expresarme yo mismo y tengo el problema que no puedo escribir sobre cosas trascendentales porque inmediatamente comienzo a burlarme de ellas, y de mí mismo."

 

 

 

 

 

 

 

A Horacio Chacón le han encargado la diligencia. Ho­racio tiene cincuenta y cinco años; es de los veteranos; ni él mis­mo recuerda cuándo se inició en los trabajos de investigador; fue durante el gobierno de don Mario Echandi, cuando existía la Di­rección de Investigaciones Criminales. Allí, curiosamente, se fue quedando según cambiaban los gobiernos, probablemente por inercia.

 

 

 

 

 

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