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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 01/10/2004

 

 

 

 

Carlos Luis Sáenz Elizondo

 

 

 

 

 

El espíritu de Carlos Luis Sáenz se hizo uno con su cuerpo y, así, se transfiguró desde joven hasta la vejez en una fina antena hacia la "edad de oro", la infancia, a la cual le dedicó sus mejores obras.

 

Si hemos de denominar a una cierta literatura como "infantil" porque tiene a los niños como público primordial, hemos de hacer un espacio privilegiado para Carlos Luis Sáenz; no solo ha sido el mejor de nuestros poetas infantiles, el de obra más vasta y constante, sino que además cultivó felizmente el cuento y el teatro. Y si no clasificamos, también hemos de hacer un lugar para Carlos Luis Sáenz, poeta para lectores de todas las edades, para los adultos que leen su Mulita mayor, para los niños que se acercan a sus Pilares del viento.

 

Carlos Luis Sáenz nació el 9 de junio de 1899 en Heredia; allí transcurrió su infancia y adolescencia. Ingresó en la Escuela Normal de Heredia y obtuvo el título de maestro a los 20 años; entre sus profesores se encontraron Roberto Brenes Mesén, Joaquín García Monge y Omar Dengo, de quienes fue dignísimo heredero.

 

 

 

 

 

 


Como maestro, pasó entre 1920 y 1936 por numerosas escuelas rurales hasta recalar en la escuela Porfirio Brenes y, posteriormente, en la Escuela Normal de Heredia; durante esos años trabó amistad con Carmen Lyra, Luisa González, conoció a su compañera Adela Ferreto, y escribió para Repertorio Americano. Las grandes causas de esos años alimentaron sus reflexiones y sus acciones: la guerra civil española, la huelga bananera de 1934, las reformas sociales del 40.

 

Su participación en el Partido Comunista provocó su expulsión de la enseñanza estatal en 1936 y, después de la guerra civil de 1948, su exilio voluntario en Panamá y, posteriormente, en México. Hombre valiente y generoso, Carlos Luis Sáenz no cayó en la amargura; al contrario, supo responder con bellas páginas a las adversidades que implicaba su credo marxista: al ser separado de la enseñanza, fundó y dirigió entre 1936 y 1947 la revista Triquitraque, en la cual aparecieron muchos de sus cuentos y poesías y continuó su labor como educador. Poco después de exiliarse en Panamá apareció en Costa Rica Mulita mayor (1949), su libro más recordado, solo en apariencia ajeno a las circunstancias políticas en que fue escrito.

 

Pese a que fue uno de los intelectuales políticamente más comprometidos de su época, en estos libros y en otros Sáenz se distanció de las tendencias políticas y se rindió a valores más universales: donde cabía decir "comunismo", sus versos prefirieron "solidaridad"; cuando pudo presentar la batalla por las armas, optó por la que se sirve de la ternura. Así se lee en su primer poemario Raíces de esperanza (1940), en cuyo prólogo Carmen Lyra lo saluda como el mejor poeta costarricense, y se repite en Mulita mayor, en Memorias de alegría (1957), en El viento y Daniel (1976), en los ya citados Pilares del viento (1977) y en Hijo de la tierra (1983), momentos singulares de nuestra poesía por su sencillez formal y emotiva.

 

 

 

 

 

 

Aunque el Magón en 1966 dio cuenta de una vida dedicada a la educación y la literatura, eso no significó el punto final de la labor de Sáenz; él supo responder al homenaje con nuevos libros, y la mejor prueba es que publicó varios de sus mejores obras en los años setentas y ochentas.

Nuestro Abuelo Cuentacuentos murió el 8 de noviembre de 1983.

 

"Os invito

a usar la rosa en vez del paracaídas

y la ametralladora;

a escuchar la fábula

de la noche cuando los cuentos

giran en torno a la candela;

a saber cómo fue el alba

un poco antes

entre los cipreses asueñados (...)"

 

 

 

 

 

 

 

 

Mulita Mayor

 

"Todas las tardes bajaba del cielo la Mulita Mayor: ¡Mulita Mayor! ¿Qué manda el Rey Señor?... Allá en el cielo había un prado; en el prado, un árbol con luceros, un gran río y lo menos ¡lo menos! doscientos bueyes rojos de San Isidro Labrador, en el río de oro, bebiendo."

 

 

 

 

 

 

 

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