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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 30/09/2004

 

 

 

 

Carlos Meléndez Chaverri

 

 

 

 

 

Se dice que, en cuanto a publicaciones centroamericanas, la que fue la biblioteca de Carlos Meléndez es la mejor del istmo. No solo 20 mil volúmenes, sino que muchos de ellos extrañísimos, joyas bibliográficas recogidas, ganadas durante seis décadas a los insectos, al desinterés y a la propia subsistencia. Del legado de don Carlos a la historiografía costarricense y centroamericana se pueden decir cosas similares: es diverso en lo temático, singular para nuestra región, y cuenta con rarezas que hicieron la senda que otros historiadores siguieron.

 

Centroamericanista convencido, filósofo entre líneas, herediano poro a poro y académico brillante, Carlos Meléndez Chaverri nos dejó una treintena de libros, un centenar de artículos en revistas especializadas, incontables y reveladores textos periodísticos y una muestra de las posibilidades de la historia en la constitución de una identidad costarricense y centroamericana más cercana a los hechos. A la par de la obra de Rafael Obregón Loría, la de Meléndez se distinguió por su brillo y solidez, y como la de aquel, es punto de referencia de una historiografía llena de vitalidad, reconocida en el continente.

 

 

 

 

 

 


En la Heredia a la que dedicaría libros y reflexiones -Heredia ayer, hoy y siempre y Añoranzas de Heredia -, Don Carlos nació el 26 de junio 1926. En 1946 concluyó su bachillerato en la Escuela Normal de Heredia y continuó sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Costa Rica, donde se graduó en 1951. Desde los 22 años inició su carrera docente, como profesor de Estudios Sociales en la Escuela Normal y primer director del Liceo Nocturno Alfredo González Flores.

 

Con la reforma de 1957, se incorporó a la Universidad de Costa Rica como profesor de los cursos de Historia Colonial de Costa Rica y Geografía de Costa Rica. Desde entonces, alternó la enseñanza con la investigación; esta segunda tarea le llevó en 1963 al Archivo General de Indias en Sevilla y al de la Real Academia de Historia en Madrid, donde profundizó su conocimiento de la época colonial.

Al hacer historia de nuestra colonia, Meléndez fue siempre un agudo intérprete, competente a la hora de hacer crisis sobre nuestros estereotipos más arraigados; entre sus libros sobre este periodo encontramos Juan Vázquez de Coronado (1966), Costa Rica, tierra y poblamiento en la Colonia (1977) y el imprescindible Conquistadores y pobladores. Orígenes históricos sociales de los costarricenses (1982). Otros adelantos que dio Meléndez fue el escribir y publicar, junto con Quince Duncan, la primera obra que sistematizaba la historia de la presencia del negro en Costa Rica: El negro en Costa Rica (1974) y el tratar el asunto indígena en diversos artículos.

 

Además, algunas de sus investigaciones sobre historia centroamericana, entre las que se cuentan estudios de próceres como José Matías Delgado y José Cecilio del Valle, fueron publicadas en El Salvador y le hicieron merecedor del Premio Rafael Heliodoro Valle por parte del gobierno hondureño. En diversas oportunidades apuntó la necesidad de una mayor integración de los países del istmo, que consideró más urgente con la consolidación de la globalización como modelo político y económico planetario, y en el cual los países pequeños -como los centroamericanos - carecían de herramientas para lograr una incorporación digna para sus habitantes.

 

 

 

 

 

 

Entre otros muchos reconocimientos, don Carlos recibió tres doctorados honoris causa por parte de las universidades de Tulane en Nueva Orleáns (1979), la Autónoma de Nicaragua (1993) y la de Costa Rica (1994), y el grado de profesor emérito de la Escuela de Historia y Geografía de la UCR.

 

Todos diplomas merecidos para un hombre que, hasta poco antes de su muerte, el 12 de junio de 2000, continuó sacándole secretos a nuestra historia centroamericana.

 

"...entregamos al lector la presente obra, (...) con el deseo de que, a través de ella, aprenda a comprender en mejor forma nuestra realidad pretérita y a reconocer el digno legado que hemos recibido de nuestros predecesores. Solo de este modo, podrá el verdadero ciudadano cumplir con lo que la patria espera de él."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Las ciudades costarricenses del siglo XVIII, y Heredia no es la excepción, nacieron alrededor del templo ca­tólico. La devoción de la Inmaculada Concepción na­ció en el año 1706 en el primer asiento de la futura ciudad, y que se localiza hoy en un punto entre Lagunilla y Ba­rreal de Heredia, que entonces se solía nombrar Alvirilla."

 

 

 

 

 

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