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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 30/09/2004

 

 

 

 

Carmen Naranjo Coto

 

 

 

 

 

Pionera, adelantada; fuerte y frágil a la vez: desafiante y emblemática en una época; luego, su propia sensibilidad artística y el medio tan poco propicio le reclamaron su espacio a la mujer pública y quizás la rindieron a su íntimo refugio.

 

Sabia hormiga reina, a ella acuden otros a alimentarse de su fertilidad, a aprender de sus ricos años, a comenzar sus caminatas donde ella dejó de caminar. "Dinámica, segura de sí, inteligente y discreta, que lo ilumina todo con sus juicios, sus claras opiniones sobre el mundo y las gentes", acertó a describirla Isaac Felipe Azofeifa en un sentido homenaje en 1987.

 

Los adjetivos no iban en balde: desde los años sesentas hasta la fecha las novelas, relatos, poemas y ensayos de Carmen Naranjo invitan a la reflexión sobre la cotidianidad costarricense, a salir del marasmo a que nos puede someter el apurado trajín urbano; al encuentro frontal con la mediocridad y el anonimato vital.

 

 

 

 

 

 

 


Abundante, sutil, renovadora y compleja, en la obra de Naranjo se hace nueva la frase hecha, compleja la cosa simple, desconocido el lugar común. Al aporte literario hay que sumar una entusiasta trayectoria de promoción cultural, tanto desde cargos oficiales -diplomática, Ministra de Cultura, Directora del Museo de Arte Costarricense, asesora de la OEA en el área de la seguridad social-, como en la calle, en conferencias y talleres literarios y como artífice de proyectos como Editorial Osadía. Más que merecidamente, a doña Carmen se le reconoció con el premio Magón en 1986, el segundo para una mujer.

 

Carmen Naranjo nació el 30 de enero de 1928 en Cartago. Cursó la primaria en la Escuela República de Perú, la secundaria en el Colegio Superior de Señoritas y la licenciatura de Filología en la Universidad de Costa Rica; muchas veces se ha declarado orgullosa del jugo que le sacó a la educación pública. Después realizó estudios de posgrado en las universidades Autónoma de México y de Iowa.

 

Al desempeñarse durante las décadas de los 50 y 60 en distintos puestos en la Caja Costarricense de Seguro Social y en el Instituto Costarricense de Electricidad, Naranjo se familiarizó con la ciudadanía de clase media, tuerca en la máquina burocrática, que habría de retratar en sus principales escritos. El primero de estos fue el sensible poemario Canción de la ternura (1962), al que siguieron Misa a oscuras (1964) y Hacia tu isla (1966), pero fue con su novela Los perros no ladraron (1966) cuando Naranjo inició una labor de renovación de la literatura costarricense. No solo incorporó explícitamente el espacio urbano a la narrativa nacional -los únicos precedentes eran la corta obra de Yolanda Oreamuno y la novela Ese que llaman pueblo, de Fabián Dobles-, sino que la narración asumía riesgos notables al recurrir casi completamente al diálogo de sus personajes.

 

Durante los años siguientes, las novelas, relatos y ensayos de Naranjo fueron bisagras que abrieron puertas en la literatura costarricense: jugó con los recuerdos y tiempos en Memorias de un hombre palabra (1968); hizo crisis del mundo urbano en Diario de una multitud (1974) y de las costumbres costarricenses en los ensayos de Cinco temas en busca de un pensador (1977).

 

 

 

En estos textos, y en posteriores como El caso 117.720 (1987) o En partes (1994), Naranjo ha querido mostrar la crisis de valores en la sociedad costarricense a través de la escisión entre palabras y acciones; lo suyo ha sido retratar esa clase media que se autocomplace.

 

Inquieta, casi hiperactiva, los años no han mermado su prolífica vocación: la novela Más allá del Parismina (2000) y los poemarios En esta tierra redonda y plana (2001) y Marina Jiménez de Bolandi: recordándola (2002) hacen cierta esta afirmación.

 

Dibujante de puntos y rayitas, cuando la palabra no le ha bastado en la expresión de sí; y miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, la primera entre las escritoras, desde 1980. La figura y la obra de Carmen Naranjo ha sido y es imprescindible si queremos comprender un poco más de las alegrías y penas del alma nacional.

 

"Si estas reflexiones llegan a la orilla de un pensador, la misión está cumplida"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los comienzan varias veces

 

"Querido hermano: Hace días no te escribo. No creas que he dejado de pensar en vos y que no haya querido estar en contacto con vos. Simplemente he tenido mucho que hacer y el tiempo se me hace corto."

 

 

 

 

 

 

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