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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 01/10/2004

 

 

 

 

Daniel Gallegos Troyo

 

 

 

 

 

Repetidas veces Daniel Gallegos salió de Costa Rica, conoció del mundo y de sus artes, estuvo en grandes escenarios, compartió aulas con excepcionales maestros, pero los imperativos de la sangre le hicieron regresar. De haberse quedado en Nueva York, en México, en Londres, es probable que su obra habría alcanzado en Norteamérica y en Europa el prestigio y la importancia que tiene en su patria.

 

Reflexiva, segura de sí, de personajes complejísimos y diálogos sofisticados, la dramaturgia de Daniel Gallegos enfrentó y enfrenta a la clase media y alta, de Costa Rica y de cualquier parte del mundo occidental, con sus conflictos existenciales y morales, con las maneras -y posibilidades- de brindarle un sentido a su vida y de armar su convivencia. El teatro de Gallegos puede ser representado con éxito, y así ha ocurrido, ante cualquier público educado que quiera, finalmente, encontrarse cara a cara con sus dilemas interpersonales, virtudes y vicios y demonios interiores.

 

 

 

 

 

 


Este señor, que fuera considerado "el dramaturgo más importante de Costa Rica" por la guía de teatro de la Universidad de Cambridge, nació el 28 de agosto de 1930 en San José. En la capital costarricense cursó la primaria, y la secundaria en California, adonde viajó con su familia; a los 21 años regresó a Costa Rica a estudiar derecho, y posteriormente partió de nuevo a Estados Unidos a efectuar sus estudios de posgrado. En la efervescente Nueva York de los años cincuentas Gallegos entró en contacto con el teatro y la literatura de posguerra, y al concluir sus estudios decidió dedicarse de lleno al teatro. En las siguientes décadas, Gallegos repartió su residencia entre Costa Rica y el resto del mundo: becas en Yale y la Royal Shakesperean Company, un año con el Actor’s Studio en Nueva York, algo más con Fernando Wagner en México; y contactos con Peter Brook en Inglaterra y el teatro de Bértold Brecht, en Alemania. Cada vez, hubo de regresar al país por razones familiares.

 

En 1960 envió dos de sus primeras piezas teatrales al concurso centroamericano de Bellas Artes en Guatemala: su juvenil Los profanos obtuvo el segundo lugar y el primero fue para su más madura Ese algo de Dávalos, que presenta las intrigas del mundo de la plástica y las paradojas del éxito. El prestigio y notoriedad que alcanzó por estos primeros trabajos se cimentaron con La Casa, y especialmente cuando en 1968 estrenó La Colina, en la cual trató la muerte de Dios y las implicaciones que esto podía tener para creyentes y no creyentes.

 

En las siguientes décadas, con un lapso que iba del lustro a la década, Gallegos estrenó nuevas piezas, todas ellas poseedoras de la misma agudeza de las primeras: El sétimo círculo (1981), Punto de referencia (estrenada en 1983 y en 2002 reestrenada en Montevideo) -su mejor drama, según el amigo y colega Alberto Cañas- y Una aureola para Cristóbal (1991). Gallegos no ha sido un dramaturgo excesivamente prolífico, no solo por el cuidado con que crea, sino porque ha dedicado mucho tiempo a la propia docencia, al ser director fundador de la Escuela de Artes Dramáticas de la Universidad de Costa Rica, además de fecundo director teatral, tanto de sus obras como de varias ajenas.

 

 

 

Entre sus direcciones se cuentan los montajes de Gobierno de Alcoba, de Samuel Rovinski, La visita de la vieja dama, de Friedrich Duerrenmatt, y el exitoso Shirley Valentine, de Willy Rusell.

 

Aunque más maduro, Gallegos pasó del teatro a la narrativa como lo hicieron sus compañeros dramaturgos Alberto Cañas y Samuel Rovinski; el salto lo hizo con una novela excepcional, honda y refinada como sus dramas:

El pasado es un extraño país (1993), que retrataba la aristocracia costarricense durante la dictadura de los Tinoco y el posterior exilio de sus partidarios, a través de los recuerdos melancólicos del hijo de uno de ellos. Aunque no recibió la atención de ésta, su siguiente novela, Punto de referencia (2001), confirmó su talento como narrador.

 

Un viejo dramaturgo y un joven novelista, Gallegos no ha dejado de crear; en su refugio en San Isidro de Heredia continúa con su búsqueda existencial y estética.

 

"Creo que el teatro es una forma de reflexionar sobre los problemas humanos y eso lo hace ser solidario con el resto de la gente. En realidad, lo que siempre me interesó es el ser humano y sus problemas".

 

 

 

 

 

 

 

 

"También hice que un experto en aromas conociera las plantas que trajiste. No son especias.

No hay canela, ni pimienta, ni nuez moscada... ni clavos de clavero... ¡Ah Cristóbal, a veces pienso que no llegaste a la India. Embustero como siempre...!"

 

 

 

 

 

 

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