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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 18/07/2014

 

 

 

 

José Basileo Acuña

 

 

 

 

 

¿Cuánta relación habrá entre el joven que partió a Inglaterra a estudiar medicina y el poeta filósofo que quiso rozar el cosmos en cada verso? ¿Entre el condecorado integrante de la Legión Extranjera y el anciano educador? ¿Entre el traductor de Macbeth y los sonetos de Shakespeare y el escribiente profundo de Quetzalcoatl?

 

José Basileo Acuña, el poeta que fue a la guerra, es una de las personalidades más profundas que han nacido en Costa Rica. No solo poseedor de una vasta cultura, que se manifestó en sus escritos sobre filosofía, teosofía, estética, educación, psicología, historia y religión, sino también creador, poeta, dramaturgo, narrador y traductor. Todo esto aunado a un espíritu que, en el decir y en el actuar, privilegió la dignidad humana, los beneficios del esfuerzo, los aciertos de la reflexión.

 

 

 

 

 

 


Don Pepe nació en San José, el 7 de febrero de 1897. Cuando estudiaba en el Liceo de Costa Rica, su profesor Roberto Brenes Mesén lo introduce en las doctrinas teosóficas que habrían de guiar toda una vida de reflexiones. Para estudiar medicina partió a Inglaterra en mayo de 1914, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial le movió a ingresar al ejército; antes, debió de cruzar el Canal de La Mancha e incorporarse a la Legión Extranjera de la armada francesa, pues en la inglesa no aceptaban foráneos. El joven Acuña mostró sobrado valor, y recibió la Cruz de Guerra, con siete estrellas: cada una por un heroísmo.

 

Acabada la guerra, problemas familiares lo trajeron de vuelta a Costa Rica sin concluir sus estudios en medicina; ya en el país, cursó la carrera de Leyes, aunque las aulas serían su nuevo hogar. Profesor en el Liceo de Costa Rica y en la Escuela Normal de Heredia, al fundarse la Universidad de Costa Rica asumió las cátedras de Psicología Infantil, Sociología e Historia de la Educación.

 

Al mismo tiempo que a la educación, Acuña se dedicó a los estudios teosóficos. De ellos no proviene, solamente, su ensayo El sentido vital (1929), sino la casi totalidad de su obra poética (Quetzalcoatl, 1947; Cantigas de recreación, 1958; Intiada. Poema sagrado, 1970; Arpa Eolia, 1979) y dramatúrgica (El reto y El viaje, ambas piezas de 1968). El mismo interés le llevó a la India en 1951, a un colegio llamado Escuela de Sabiduría; este episodio inspiró el poemario Estampas de la India (1962)

 

 

 

.Leerlo es tan complejo como enriquecedor, pues en sus escritos se conjugaron las emociones y dudas más personales con los grandes problemas de la existencia: el ser, la identidad, la necesidad del mundo. Acuña fue, finalmente, un esteta, un amante de la forma que viste la idea, que la transmite y hace hermosa.

 

Siempre prolífico, dedicó los años setentas a publicar sus traducciones de Shakespeare: primero fue la tragedia Coriolano, y a esta siguieron La comedia de las equivocaciones,Macbeth y El Rey Lear. En 1983, La Nación reconoció esta labor con el Premio Áncora en teatro, compartido con Joaquín Gutiérrez, también traductor del genio inglés.

 

Estas traducciones fueron, además, una de las razones que esgrimió el jurado que le concedió el Magón en 1983. Don José Basileo falleció el 18 de marzo de 1992.

 

 

 

"Puede aquí encontrar, mirando afuera,

el cielo azul, el ave en la enramada,

la campesina paz de la pradera,

el río que murmura en la hondonada

su himno franciscano de alegría

y, a lo lejos, la fértil cordillera

donde reza la luna y canta el día."

 

 

 

 

 

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