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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 18/07/2014

 

 

 

 

MAGON en el panaroma cultural costarricense

 

La alegría esta en la lucha, en el esfuerzo,

en el sufrimiento que supone la lucha

y no en la victoria misma.

Mahatma Gandhi.

 

Es imposible concebir la historia de una sociedad sin la existencia de las mujeres y hombres grandes.  Grandes por su excelencia, mística, esfuerzo, rigor, y escencialmente, por su compromiso con la comunidad. Esta grandeza se construye con tesón y ardor-no exentos de sacrificio- durante toda una vida.

 

La presencia de esas grandes personas es fundamental en cualquier grupo social, al constituirse en modelos a quien recurre la juventud en su búsqueda por un ideal; son también fuente de sabiduría y consulta para los adultos.  En otro plano, conocer la magnitud de su grandeza espiritual, disfrutar de su sabiduría y haber disfrutado del goce de su compañía, implica, para quienes fueron, son y serán sus coetáneos, una significativa experiencia intelectual.  Para quienes los conocen através de la historia o de otras formas de comunicación, los frutos son semejantes, si se llega a comprender su vida y su obra con profundidad, escudriñando y reflexionando sobre la huella que dejaron en la sociedad en el momento histórico que vivieron.

 

Son incontables y muy variados los factores que se entrelazan para calificar esta grandeza. Y, como ello es un acontecer social, su elección corresponde a un jurado cuya decisión final está vinculada a la visión de mundo y valores que conforman nuestro imaginario colectivo, entendido en toda su amplitud.

 

Dentro de este marco es posible afirmar que la identidad de cada grupo social - como colectividad- define, por la vía antes expuesta, quiénes son las personas dignas de destacar como modelos de ciudadanos de ambos sexos, y a quienes es un honor seguir como ejemplos formadores.

 

Costa Rica ha tenido grandes personas, las tiene actualmente y las seguirá teniendo.  Algunas de ellas, cuya impronta ha sido sólida y fecunda, han sido reconocidas socialmente con un galardón especial: el premio Magón. El sólo hecho de dar una mirada a la selección de este grupo de galardonados, así como, posteriormente, recorrer y estudiar, con mayor profundidad, su vida y obra, permitiría visualizar el panorama cultural costarricense de la segunda mitad del Siglo XX.  A ello invitamos cada uno de los destinatarios de este texto digital.

 

El denominador común que sintetiza el rasgo esencial del premio es la expresión "labor de toda una vida", labor suceptible de cubrir el amplio espectro de disciplinas que conforman parte de una cultura, y que abarcan tanto el quehacer artístico y literario, como la gran gama de las ciencias, entendidas éstas como beneficiarias del desarrollo humano.  Esta "labor de toda una vida" - dice su estatuto- nos mostrará su proceso existencial, su vocación, luchas, experiencias, esfuerzos, sufrimientos, y escencialmente, la pasión que será la guía hacia la meta escogida.

 

Fueron creados hace más de cuarenta años - 1962- otorgar un premio en el campo de las letras.  A partir de 1971 se ampliaron los criterios que rigen hasta el momento cuando se incorpora el quehacer artístico en general y las ciencias.  Hoy, al ddarle una mirada a la secuencia, descubrimos, con asombro y gozo, un hecho significativo:  el primer Magón fue otorgado a un filósofo, Moisés Vincenzi, claro homenaje a la reflexión y al escrutinio del pensamiento.  El estudio de la obra de este primer galardonado es una faceta importante del estado de las tendencias filosóficas de este momento.

 

Los primeros veinte años (1962-1981) marcan una pauta: predomina con fuerza el otorgamiento del premio a quienes se han dedicado al quehacer artístico.  Suman quince entre artístas plásticos, poetas, novelistas, dramaturgos y compositores musicales.  En este mismo período se premia a dos historiadores, un ensayista, y un botánico.  Dato curioso es el que tuvieran que pasar dieciséis años luego de iniciada la tradición para que se premiara a una mujer escritora quien fue, además, profesora.

 

El período siguiente (1962-2002) mantiene la tendencia de exaltar la importancia del quehacer artístico; catorce de los veintiún premiados corresponden a las categorías mencionadas en el primer período; le siguen dos maestros, dos historiadores, un ensayista, un filólogo y una antropóloga.  Por razones históricas el inicio de la década de los ochenta nos da un buen augurio al notar un incremento en el número de mujeres galardonadas, las cuales suman cinco de los veintiún elegidos.

 

Resumiendo lo hasta aquí expuesto, de los cuarenta y dos galardonados que conforman este texto virtual - en el año 1964 el premio fue compartido - veintinueve corresponden al quehacer artístico, cuatro a históriadores, tres a ensayistas, dos a maestros, uno - el primero, recordemos, a un filósofo - uno a un botánico, uno a un filólogo y otro a una antropológa.

 

¿ Qué nos muestran estos datos introductorios?  En primer lugar que el modelo por excelencia que se ha ponderado y que nos honra y enaltece es la importancia de la labor artística en general.  Ello abre la puerta para un estudio panorámico sobre la percepción, que a tráves de sus propuestas críticas y de sus concepciones estéticas, asumen artístas sobre nuestro recién pasado Siglo XX.

 

Jugando con las estadísticas y reacomodando los datos, vemos que la preminencia la tienen los escritores (novelistas, poetas, dramaturgos); y si añadimos a ello los otros trabajadores de la palabra (historiadores, ensayistas, maestros, filósofos y filólogos) notamos una preferencia cuantitativa hacia esta norma de premiación.  Nos surge entonces la preocupación del porqué no ha habido una distribución más equitativa pensamos concretamente en el quehacer científico.

 

El haber privilegiado el quehacer artístico dice algo de nuestra idiosincrasia.  No olvidemos que la obra artística, como proceso de reelaboración simbólica de la realidad, como propuesta crítica y también, no menos importante, como hecho estético, tiene la capacidad de guardar información y de convertirse en forma de conocimiento y estudio del momento histórico de su gestación.  También ha existido, culturalmente,  una vinculación entre el quehacer artístico y las disciplinas de la palabra, posiblemente por el carácter de retroalimentación que tienen entre sí.

 

Esta inquietud, de que el quehacer estrictamente científico está , cuantitativamente menos presente ( un botánico) no implica, de ninguna manera, que este no haya tenido un contundente desarrollo, especialmente en los últimos años, si bien es imposible, en este contexto, intentar una respuesta, queda al menos explicado que las premiaciones están siempre sujetas a condicionamientos  históricos, a grupos colegiados y a diversas visiones de mundo y que posiblemente ha faltado un acercamiento del quehacer de los investigadores costarricenses.  Sin embargo, el ortorgamiento del premio una representante de la ciencia antropológica (2001) augura una visión más integral de la concepción de la cultura. Consideramos que ello redundará en beneficio de que la mirada hacia el espectro de disciplinas que conforman la Cultura - así con mayúscula - sea, en adelante, cada vez más amplia.

 

La característica esencial de los epígrafes es ser texto de apertura y síntesis de la propuesta que lo sigue.  Lo retomamos ahora en el cierre para, coincidiendo con su propuesta, reafirmar que los caminos recorridos por los Magones están pletóricos de alegrías espirituales, llenos de luchas y colmados de esfuerzos.   Y, aunque el móvil del pensamiento de Gandhi no es el gozo por la victoria personal, sí podemos trasladar el sentido y expresar que la victoria es para la sociedad en su conjunto, que ha tenido la dicha de contar con tan excelso grupo de modelos, a quienes hemos llamado, tal y como se lo merecen grandes personas en las ramas del saber y del arte.

 

 

 

Amalia Chaverri

Vice-Ministra de Cultura

2002-2006

 

 

 

 

 

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