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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 30/09/2004

 

 

 

 

Fabián Dobles Rodríguez

 

 

 

 

 

Delicada sensibilidad social y profundo compromiso ético con los desposeídos, lúdico talento en el manejo del idioma, Dobles es considerado uno de los grandes escritores centroamericanos del XX, ampliamente señaladas sus virtudes como narrador.

 

En tiempos de la globalización, cuando el perfil de los distintos pueblos solo lo esbozará su singularidad, la literatura de Dobles es fundamental en la conformación de una identidad nacional.

 

Sin su obra sería muy difícil conocer a fondo la esencia del pueblo costarricense, que él, como hombre bueno que era, pintó generosamente, señalando también con vigor oscuridades, egoísmos e injusticias.

 

Perteneciente a la emblemática Generación del Cuarenta, dirigió su transparente mirada a las luchas y faenas del campesinado, hombres y mujeres tozudos y sencillos que forjaron la patria desde abajo, abriendo montaña virgen: Dobles escribió su épica humana. Se ha dicho que es el geógrafo del espíritu costarricense, y él lo recorrió en paisajes y personajes de raigambre autóctona y de aliento universal.

 

 

 

 

 

 


Nacido en pueblo rural, el 17 de enero de 1918 en San Antonio de Belén, entre familia numerosa, hijo de médico andariego, muy pronto su curiosidad e inteligencia lo hicieron escuchar con oído fino el habla campesina, jugar con el viento, las pozas, los otros chiquillos, y las palabras, en la Atenas calurosa donde creció.

 

"La vena literaria no se sabe cuándo aparece. No había en mi casa una biblioteca grande, pero recuerdo que de niño oía a mis hermanas mayores declamar poemas de Darío y Chocano, y a mí me gustaban. Compraba unos libritos de literatura universal en la pulpería, en Atenas, y así, cuando entré a primer grado, ya sabía leer", contó alguna vez.

 

No es raro que escribiera su primera novela, Aguas turbias, a los 22 años.

Desde antes venía atreviéndose con la poesía, en sus tiempos de estudiante de Derecho (luego publicaría los poemarios Tú, voz de sombra, 1944; Verdad del agua y del viento, Premio 15 de setiembre, Guatemala, 1948; Yerbamar, 1965, en conjunto con el poeta Mario Picado).

 

Muy pronto dio a conocer sus inquietudes políticas y literarias y su mentor fue Joaquín García Monge.

 

Ese que llaman pueblo (1942), El sitio de las abras (Premio 15 de setiembre, Guatemala, 1950), Una burbuja en el limbo (1946), Los leños vivientes (1962), En el San Juan hay tiburón (Premio Aquileo Echeverría, 1967), y los libros de cuentos:Historias de Tata Mundo en 1966), El violín y la chatarra (1966), se enmarcan en la denominada literatura social, pero la poesía, la música (a la que amaba, pues se consideraba un músico frustrado) le andaban por dentro: se ha subrayado la finura de su estilo literario, señalándolo como "maestro en el uso del idioma", al cual le conocía los vericuetos para expresar con cuidada belleza situaciones y sentimientos. En Dobles hay una clara y lograda voluntad de estilo, tanto que Alberto Cañas declaró que no se sabe si los campesinos hablan como él lo escribió o si él escribió como ellos hablan.

 

Se ha destacado su oficio y maestría en el género del cuento, especialmente visibles en sus Historias de Tata Mundo, incluidas en la colección universal de la UNESCO, y traducidas a varios idiomas. Una característica que diferencia su literatura de la de sus compañeros de generación, son sus personajes femeninos, a menudo mujeres de rompe y rasga. Su novela Ese que llaman pueblo se considera la primera de la literatura costarricense en abordar la temática urbana.

 

 

 

Fabián Dobles era un hombre sencillo, de gran modestia personal, renuente a viajar y al auto-bombo, lo que quizás perjudicó su proyección internacional, además de vivir una época difícil, identificado con las luchas de izquierda. En la coyuntura de 1948 no quiso exiliarse, a pesar de haber sido encarcelado dos veces. Perteneció al Partido Comunista y aunque en nuestro país se han disimulado las persecuciones ideológicas, a causa de estas Dobles vivió penurias económicas. Culto y talentoso, inquieto, empero trabajó en diversos oficios para mantener a su familia, desde repartidor de leche, fabricante de cobijas y ebanista, hasta profesor de inglés, corrector de pruebas y editor. Alguna vez dijo que nada quitaba tanto tiempo como la pobreza.

 

A los 70 años publicó su última novela, Los años pequeños días, elogiada por su prosa vital y contemporánea estructura, que recibió el Premio Áncora.

 

De sabrosa e infatigable conversación, su figura de patriarca, gorra y sandalias, era un libro abierto para quien se le acercara, jovial y magnánimo; en los últimos años vivía muy cerca de la tierra; de su compañera de vida, Cecilia, madre de sus cuatro hijas; en contacto con flores y frutos y sus nietos; al decir de algunos, convertido en una "potencia espiritual", sabio de la vida y su transcurrir.

 

"El escritor no escribe para las gavetas ni para solazarse, sino para producir efecto conmovedor en la sociedad, en un sentido positivo de abrir brechas, de ennoblecer la existencia, de mejorar la sociedad".

 

 

 

 

 

 

 

 

Mamita Maura

 

Lo cierto fue que Tata Mundo convaleció de aquella pulmonía que no pudo con él, volvió a calzarse el par de zapatones bien herrados, y con su pañuelo rojo anudado al cuello aún anda por ahí fumándose sus puros y echándole aceite a su lamparilla que alumbra historias. El día que ya estuvo de salir a asolearse, todavía algo desteñido de la piel y escurrido de las facciones, fue y nos dijo, sentándose en el pedrón que estaba al frente de su casa:

 

 

 

 

 

 

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