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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 30/09/2004

 

 

 

 

Francisco Zúñiga Chavarría

 

 

 

 

 

El artista costarricense de mayor éxito y proyección internacional: Francisco Zúñiga es patrimonio universal y uno de los grandes del mundo en la escultura contemporánea del siglo XX.

Se ha dicho de él: "un mexicano célebre nacido en Costa Rica y un costarricense universal radicado en México".

"Ser original es volver a los orígenes"... Zúñiga supo encontrar en sus obras la raíz primigenia de Mesoamérica, que abarca desde México hasta Colombia, y sus figuras monumentales, la mayoría mujeres indigenas, resumen contundentes la potencia telúrica de la maternidad surgida de estos territorios.

 

Nacido en Costa Rica en 1912, a los 24 años se instaló definitivamente en México, donde hizo crecer hasta la gloria universal una semilla que cultivó en nuestro país, cerca de su padre, Manuel Zúñiga, que era imaginero religioso, el mejor de aquella época.

 

 

 

 

 

 


 

Muy niño ya dibujaba y modelaba en barro y casi adolescente empezó a ganar premios artísticos, tanto en pintura como en escultura, en la Costa Rica anterior a los años treintas. Pero un hecho, la creación de una polémica Maternidad, merecedora de un premio centroamericano que luego le quitaron merced a pequeñeces y estrechez del medio nacional de aquel entonces (1935), lo convencieron de que debía salir. Supo ver la dimensión de su talento: la capacidad de saltar sobre sí mismo a lo largo y ancho y Costa Rica se le hizo pequeño.

 

Su hiperbólica trayectoria se hizo en México, es verdad: 62 años vivió allí y se volvió maestro venerado cuyas obras recorren un itinerario de 55 ciudades en el mundo y los mejores museos.

 

Ahondó una acuciosa observación del pasado prehispánico, y su pálpito viviente en las mujeres mexicanas de etnias indígenas; rescató el oficio de los canteros y de la talla directa en piedra. Su vocación de dibujante afinado desde niño fue esencial en la maestría y confección inmaculada de sus esculturas.

 

"Nunca trabajó en otra cosa que no fuera su arte: puro trabajo creador, con dedicación absoluta, gran disciplina y mucha honradez, nada de trucos. Atravesó todas las corrientes del arte contemporáneo; lo enriquecieron, pero él nunca cedió a la tentación de la copia ni las modas", apuntó Luis Ferrero, historiador de arte y amigo de Zúñiga.

 

Su mirada profunda se solazaba en los mercados de pueblo, captando la expresividad esencial de formas y gestos. Uno de los temas que privilegió fue el desnudo femenino y resaltó en este la anatomía opulenta, manifestando un mundo donde lo vital se expresa ensimismado.

 

 

 

Defendió desde el principio el arte público y hoy su vasta obra monumental embellece plazas, edificios en México y en muchos otros países.

En la actualidad sus obras se cotizan a precios elevadísimos en las subastas de Sotheby´s, en Nueva York, y son administradas por la Fundación Zúñiga Laborde, de su viuda Elena y sus tres hijos.

A partir de 1989 padeció de una ceguera total que sin embargo no le impidió seguir trabajando, especialmente en barro, hasta 1993. Murió cinco años después, a la edad de 85 años.

"Si uno no tiene pasión no hay nada. Lo importante es que usted sea un artista que realmente si le quitan eso se muere. Que usted entregue toda su vida y todas las horas de su vida a esa pasión", manifestó cierta vez el gran escultor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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