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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 01/10/2004

 

 

 

 

Jorge Charpantier García

 

 

 

 

 

El poeta de lentes oscuros e impenitente cigarro: Jorge Charpentier. Su apariencia como una máscara envuelve un misterio que las palabras de sus poemas se encargan de desnudar, dejándolo tierno y hondo en esa comunicación con los demás: la otra cara de su moneda solitaria.

 

Es considerado nuestro poeta de la soledad. Y el más fértil representante de la generación del rompimiento, emergente en la poesía costarricense de los años cincuentas. Ese que escribió una vez y volvería escribir: "Soy sacrílego amante / que se desnuda ausente / sin celdas virginales". Sus palabras sugieren que lo suyo no es, necesariamente, la soledad. Ni tampoco el deseo y sus agonías. Es más bien el amor, "pero el amor que se expande en otras manifestaciones, como el mismo desamor, el desengaño, la soledad", afirmó en algún momento; y esto desde los mismos títulos de sus poemarios, como ocurre especialmente en Tú tan llena de mar y yo con un velero (1984).

 

 

 

 

 

 


Este poeta del enigma nació el 22 de noviembre de 1933 en Alajuela; cursó la secundaria en el Colegio Seminario y realizó estudios de filosofía y letras en la Universidad Complutense de Madrid; allí publicó sus primeros poemarios: Diferente al abismo (1955), Poemas para dormir a un niño blanco que dijo que no (1959) y Después de la memoria y lo posible (1961). Tras graduarse en 1962 regresó a Costa Rica, donde inició una fecunda labor docente en la Escuela Normal y en la Universidad de Costa Rica y en la Nacional; en ésta segunda fue decano del Sistema de Estudios de Posgrado y vicerrector de Investigación y de Extensión; desde 1995 es profesor emérito. Además, siendo Hernán González el Ministro de Cultura (1982-86), Charpentier fungió como Oficial Mayor del Ministerio; durante ese mismo período fue llamado a integrar la Academia Costarricense de la Lengua.

 

 

Sus labores académica y política nunca fueron un obstáculo para que continuara escribiendo y publicando poemarios que, uno por vez, fueron reconocidos por lectores dentro y fuera del país: Rítmico salitre (1967), Poemas de la respuesta (1977), Donde duerme la mariposa (1981) -ganador de los Juegos Florales en Guatemala-, Arrodillar la noche (1988), Cómplice del alba (1991), No preguntes la noche (1995) y El aroma de la rosa no consiste en la rosa (2000).

Integrante de una generación de rompimiento en la cual también se encontraron Virginia Grütter, Mario Picado, Carlos Rafael Duverrán y Ana Antillón, Charpentier coincidió con ellos en su búsqueda de un lenguaje más original, dueño de un universo distinto, cada palabra un hallazgo, más universal que poetas precedentes como Aquileo Echeverría o Julián Marchena. Y de una manera más clara que sus coetáneos se ocupó y se ocupa de sacarles palabras a la soledad y a la incomunicación. Es suya la desconfianza hacia el racionalismo, hacia la historia que olvida al yo: "el arte como vía de conocimiento, no de representación". Como método confeso de inspiración, Charpentier toma poetas de todas las épocas y estilos y los lee como si fueran anónimos, resucitando cadáveres exquisitos que pone luego a bailar con otro ropaje, el suyo propio, en el aquelarre de sus poemas.

 

 

 

 

 

 

"Mi meta en un libro es crear un universo donde el amor sea dicho en diferentes situaciones y modulaciones del sentimiento", explicó en 1995, tras obtener el premio Aquileo J. Echeverría por No preguntes la noche.

El Magón para Charpentier fue 

 

 

 

 

 

 

 

¿A quién decir

la dulce geografía de la luz apagada?

¿A quién helar de luz

en el cielo del invierno?

 

 

 

 

 

 

 

 

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