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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 30/09/2004

 

 

 

 

Julián Marchena Vallerriestra

 

 

 

 

 

Por un único pero excepcional libro y una vida dedicada las bibliotecas nacionales, Julián Marchena mereció el Premio Magón en 1963, el segundo que se entregó y el primero a un poeta costarricense.

 

El poemario Alas en fuga, casi siempre, o los versos de Vuelo supremo y Romance de las carretas, son familiares y queridos por cualquier costarricense que haya pasado por la secundaria.

 

Imágenes imborrables para decir la noche o el cielo y entrañables metáforas para la vida y sus evasiones hacen de Marchena uno de nuestros escritores más conocidos.

 

Don Julián Marchena nació en San José el 14 de marzo de 1897; se graduó de contador en el Liceo de Costa Rica e inició la carrera de derecho, pero la abandona a pocos meses de graduarse y empieza sus labores en el Ministerio de Educación. Desde sus veinte años participa en la intensa vida cultural costarricense de aquel periodo, a la par de escritores e intelectuales como Carmen Lyra, Rafael Cardona y Cristián Rodríguez; antes fue alumno de Napoleón Quesada y Carlos Gagini en el Liceo.

 

 

 

 

 

 

Todavía joven, viaja a México y Estados Unidos; en este segundo país reside por varios años. Ya de regreso a Costa Rica, en 1938, es nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que alternó con Moisés Vincenzi. Con los años, llegaría a ser director general de Bibliotecas y el artífice de su modernización; para realizar esta, volvió repetidas veces a Estados Unidos para actualizar sus conocimientos.

 

En 1941 publica su único libro, en el cual recogía la que entonces era su producción más reciente y textos de décadas anteriores, como Vuelo supremo y los también notables Inmortal y Juan Santamaría. Como señala Carlos Rafael Duverrán, Marchena mantiene en estos poemas el modernismo de Darío y Nervo, pero con una economía retórica muy personal y "un suave desencanto".

 

Aunque así lo escribió en los años sesentas, todavía tiene mucho de cierto eso que dijo Abelardo Bonilla de que la poesía de Marchena es, junto a la de Aquileo Echeverría, la que mejor se ha aceptado y comprendido en nuestro país, esto a pesar de su marcado clasicismo. Y en el caso del autor de Alas en fuga, afirmó Bonilla, "por el carácter sincero de la emoción, por su fina estructura, por la relación inmediata de esta con la forma, porque no hay oscuridades ni problemas de interpretación entre sus poemas y el lector".

En 1941 publica su único libro, en el cual recogía la que entonces era su producción más reciente y textos de décadas anteriores, como Vuelo supremo y los también notables Inmortal y Juan Santamaría. Como señala Carlos Rafael Duverrán, Marchena mantiene en estos poemas el modernismo de Darío y Nervo, pero con una economía retórica muy personal y "un suave desencanto".

 

Aunque así lo escribió en los años sesentas, todavía tiene mucho de cierto eso que dijo Abelardo Bonilla de que la poesía de Marchena es, junto a la de Aquileo Echeverría, la que mejor se ha aceptado y comprendido en nuestro país, esto a pesar de su marcado clasicismo. Y en el caso del autor de Alas en fuga, afirmó Bonilla, "por el carácter sincero de la emoción, por su fina estructura, por la relación inmediata de esta con la forma, porque no hay oscuridades ni problemas de interpretación entre sus poemas y el lector".

 

 

 

 

 

 

En 1965, a consecuencia del reconocimiento del Premio Magón, la Editorial Costa Rica publicó una nueva edición de Alas en fuga, con un estudio de Arturo Agüero. Aunque incluía unos pocos poemas nuevos y retocaba algunos de los anteriores, el conjunto era prácticamente el mismo; no hicieron mella en Marchena un cuarto de siglo de evolución poética en Costa Rica y en el mundo.

 

Marchena dejó sus bibliotecas en 1967, pero en 1974 Carmen Naranjo, entonces Ministra de Cultura, le llamó de vuelta a la Dirección General. Allí, al servicio de aquellos que leemos por placer o por deber y que alguna guía requerimos en esta peripecia, continuó hasta que en 1979 se retiró en un homenaje que le rindió el entonces Presidente de la República, Rodrigo Carazo.

 

Aunque sin publicar, Marchena continuó escribiendo para los amigos y para sí. Miembro activísimo de la Academia Costarricense de la Lengua, reconocido por el gobierno español, traducido al italiano y al inglés, el mayor exponente del modernismo en Costa Rica falleció el 5 de mayo de 1985.

 

"Soñar vale la pena aunque sea vano"

 

 

 

 

 

 

 

Agonía

 

La nave del crepúsculo

en vaga luz se anega

cuando el sol, al caer, tonsura el horizonte.

Vuelan aves errátiles hacia un lejano monte;

lechoso fulgor de astros por el azul se riega.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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