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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 01/10/2004

 

 

 

 

Julieta Pinto González

 

 

 

 

 

Denuncia y creación, libros como iras, así surgieron de la pluma asumida por una mujer que la esgrime con mano suave, la misma que posa solidaria sobre la cabeza de los desposeídos.

Julieta Pinto se pasó calladamente una primera etapa de juventud despierta hacia el prójimo. Cosecha de experiencias y de visiones que al traspasar el umbral de los cuarenta años, y a manera de una segunda juventud, ella transformaría en escritura, convirtiéndose en una de las pioneras en la historia de la literatura costarricense escrita por mujeres.

 

A lo largo de cuatro décadas; Julieta Pinto se ha destacado en la narrativa nacional con obras de temas distintos cuyo sesgo común es el interés de la escritora por denunciar una sociedad en crisis social.

 

Nació en San José en 1922, pero pasó gran parte de su infancia en una finca en San Rafael de Alajuela, lo cual la marcó profundamente en su apego por los campesinos y las clases marginadas. Se considera que su obra, sin llegar a un tremendismo o naturalismo panfletario, muestra fragmentos de nuestra sociedad, alumbrando rincones oscuros donde luchan por sobrevivir costarricenses dejados de la mano del destino. Esa solidaridad suya manifiesta en literatura hace decir a Daniel Gallegos: "Para Julieta el acto de escribir nunca fue un acto de amor a sí misma, es un acto de amor hacia los demás".

 

 

 

 

 

 


Estudió en el Colegio Superior de Señoritas, y en la Universidad de Costa Rica obtuvo la licenciatura en filología. Los maestros Abelardo Bonilla e Isaac Felipe Azofeifa descubrieron su vocación literaria y la impulsaron a desarrollarla. El primero consideraba que la labor de la autora nunca fue prematura ni improvisada sino "resultado de una experiencia y de una preparación espiritual y técnica de amplias proporciones".

 

Julieta cursó Sociología de la Literatura en Francia; fundó y dirigió la Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje de la Universidad Nacional, Heredia. También desempeñó cargos en las juntas directivas del IMAS, donde efectuó un destacado trabajo de promoción de grupos marginados, en especial entre los campesinos; asimismo en el PANI, el ITCO y en la Editorial Costa Rica. Su paso por estas instituciones sociales casi siempre determinó la escritura de un libro, movido sensiblemente por las situaciones que conoció de cerca.

 

Su primera publicación, Cuentos de la tierra, data de 1963. Siguió una novela, Si se oyera el silencio (1967). La estación que sigue al verano (1969) obtuvo ese año el Premio de Novela Aquileo J. Echeverría. El mismo premio, pero en cuento, lo recibió al año siguiente por Los marginados.

 

Su producción continúa con A la vuelta de la esquina (cuentos, 1975), El eco de los pasos (novela, 1979); Abrir los ojos (cuento, 1983) y las obras para niños: David (1985); La lagartija de la panza color musgo e Historias de Navidad (1988). Entre el sol y la neblina (1988) es una novela para jóvenes.

 

Más recientemente se ubican Tierra de espejismos y El despertar de Lázaro (1994), novela esta última que se sale por completo de su estilo anterior, y es una notable indagación psicológica y filosófica en torno a la vida y la muerte, con el recurso del monólogo interior; con ella obtuvo ese año el premio Aquileo J. Echeverría en novela.

 

 

 

 

 

 

Su más reciente publicación data del 2000 y es el libro de relatos intimistas, Detrás del espejo.

 

Al obtener el Magón en 1996 se convertiría en la quinta mujer en recibirlo. 

Su personalidad suave y su autenticidad hacen que Julieta, a pesar de su distinción y belleza personales, no se prodigue demasiado en cenáculos ni reuniones sociales. Ella prefiere aislarse en medio de la naturaleza pródiga; pinos, jaúles, hortensias, flores de todos los colores y especias olorosas rodean su tranquila estancia para entregarse a su incesante labor creadora.

 

"No puedo traicionar mi sensibilidad humana, ni mi vocación de escritora. Por lo tanto mis historias son denuncia y creación. He sentido la imperiosa necesidad de abrir los ojos a los que por ignorancia o comodidad, los cierran a los graves problemas del país. Yo, escritora, y usted lector, somos culpables de que estos temas existan en Costa Rica".

 

 

 

 

 

 

 

¿Recuerdas, Felipe, que después de innumerables discusiones accedí a vivir en la ciudad? Tus ocupaciones te reclamaban, y yo pensé que con el cambio volveríamos a ser los mismos de antes. Ignoro si disfracé las palabras, (o si acepté vivir un tiempo en la ciudad para tener oportunidad de ver más a Fernando).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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