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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 01/10/2004

 

 

 

 

Lilia Ramos Valverde

 

 

 

 

 

Su léxico era vasto, lo demostró en sus relatos y ensayos. A esta mujer noble, desprendida, generosa, se le reconoció con el Premio Magón en 1978, valga decir que por primera vez a una mujer, por fin. Un Magón a una vida dedicada a propiciar las potencialidades ajenas. Consagrada a la infancia y a la literatura que le educa y entretiene. Y al ensayo agudo, un aporte tanto para la literatura como para la pedagogía y la psicología.

 

Al nacer el 11 de noviembre de 1903, Lilia Ramos se llamaba Jacoba Ramos, pero desde los cuatro años empezó a usar el nombre con el cual fue conocida, que prefirió al que le pusieron sus padres, según lo reseñó Alfredo Cardona Peña. Estudió en el Colegio Superior de Señoritas, donde obtuvo el bachillerato en Humanidades; en 1924, fundó la primera escuela para padres en Costa Rica, pues estimó que la educación de los hijos ha de empezar con los progenitores, e innovó la formación de adolescentes al hacer de la sexualidad tema de discusión. Nunca se casó, pues decía que el matrimonio quita tiempo para estudiar.

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1939, como antes Isaac Felipe Azofeifa y Carlos Monge Alfaro, se convirtió en una chilenoide más al recibir una beca para estudiar Filosofía y Letras en el país andino. Posteriormente, tras un pequeño periodo de regreso al país, partió en 1943 a los Estados Unidos para estudiar psicoterapia y especializarse en la enseñanza para ciegos. De vocación académica e inconformista en el campo intelectual, todavía salió otra vez del país: en 1954 viajó a Suiza, para actualizar sus conocimientos; allí; asiste a los cursos de Jean Piaget

 

Con esta formación doña Lilia escribió una obra ensayística respetable, alrededor de tres temas centrales: la educación infantil, la psicología y la psiquiatría. Eje importante en los tres: el psicoanálisis, del que hizo una interesante aplicación cotidiana en ¿Qué hace usted con sus amarguras? (1949), una suerte de obra de divulgación. Otros ensayos aparecieron en Repertorio Americano o fueron recogidos en Si su hijito... (1952), Lumbre en el hogar (1963) y Fulgores de mi ocaso (1978).

 

Como cuentista, se sirvió del folclore, de los mitos y cuentos de hadas europeos para escribir Una estrella ardiente en la nube gris (1984) y, especialmente, Almófar, hidalgo y aventurero (1966). Pero, sin demeritar sus aportes al ensayo y a la ficción costarricenses, es indudable que lo que más dio Lilia Ramos a la cultura costarricense fue consejo y hogar.

 

Desde los años treintas se preocupó doña Lilia de organizar tertulias, de conseguir una casa o saloncito para discutir poesía, prosa, arte, ciencias sociales; en esos primeros años participaron Max Jiménez, Julián Marchena, José Basileo Acuña, entre otros. Más adelante no solo organizó tales encuentros, sino que propició el crecimiento de jóvenes artistas y escritores: revisó sus trabajos, sugirió lecturas, editó sus textos -fue gerente de la Editorial Costa Rica-, compró sus piezas y libros para ayudarles; entre estos jóvenes se encontraron Daniel Gallegos, Julieta Pinto, Alfonso Chase.

 

 

 

 

 

 

Al morir doña Lilia, Gallegos afirmó que hablar de ella era tan fácil o tan difícil como hacerlo de la vida, por la manera en que estuvo en cada instante del milagro, dando luz. Por eso, lugar común y pertinente: al morir la maestra dejó un gran vacío; esto ocurrió el 25 de junio de 1985.

 

"...la vida no le llega a uno con un sentido, sino que en su transcurrir le otorga a la persona una serie de potencias, de recursos, para que uno sea quien le dé un sentido"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El asombrado Almófar y la Ingeniosa Pimpinela

Los sabios de los cuentos de hadas, afirman que los duendes son unos hombres pequeñitos, del tamaño de un conejo empinado, muy despiertos, laboriosos y robustos. Son mineros: trabajan el hierro, el cobre, la plata, el oro, las gemas y otras riquezas ocultas en las entrañas de la tierra. Ojos inmensos adornan su faz y ven con una lamparita que cada uno usa en la mitad de la frente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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