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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 30/09/2004

 

 

 

 

Luis Ferrero Acosta

 

 

 

 

 

La vastísima obra de Luis Ferrero representa una especie de puente entre dos mitologías. Una mitología es la de la patria heroica de la primera mitad del siglo XX, la de maestros como Joaquín García Monge y Ricardo Fernández Guardia, con los cuales el joven Ferrero compartió charlas y de quienes tomó el ejemplo.

 

La otra mitología es la de la segunda mitad del siglo cuando, amparada en el desarrollo de la Segunda República, la cultura ganó en legitimidad pero perdió en cuanto a héroes. Uno de los pocos ha sido, sin duda, Luis Ferrero, quien publicó casi toda su obra después de 1950, pero que conserva el aire de venerable semidiós de Brenes Mesén, de Omar Dengo, de García Monge.

 

 

 

 

 

 

Don Luis nació en 1930, el 31 de enero en Orotina, para ser más precisos, cuando se gestaba el fin de la Costa Rica liberal. Aunque no concluyó la secundaria, desde su infancia leyó sin mesura y ya adolescente empezó a frecuentar las casas de García Monge y Fernández Guardia, y el taller de Juan Manuel Sánchez. El alma del Repertorio Americano diría entonces algo que valió para toda la vida de Ferrero: "...es ejemplar: labora callado y se ve el fruto de su esfuerzo".

 

 

Un día, este chiquillo, que hacía los mandados en el periódico Últimas Noticias, debió de escribir un artículo pues el cierre de edición se acercaba y sobraba un espacio; apurado, Ferrero preparó este primer texto con el Punto Guanacasteco por tema, y sorprendió a quienes lo leyeron por su valor didáctico. Poco después, cuando contaba con 17 años, apareció en El Salvador su primero libro: Mujeres de la historia de Costa Rica.

 

Desde entonces, Ferrero ha sido incansable en investigación y prolífico en publicaciones; su obra ensayística comprende la historia, la crítica de arte, el folclore y la biografía, fundamentalmente.

 

Como historiador, ha puesto especial énfasis a dos periodos del itinerario patrio: el pasado precolombino (Los hombres jaguar, Costa Rica precolombina) y el umbral entre los siglos XIX y XX (Sociedad y arte en la Costa Rica del siglo XIX).

 

Su crítica artística ha acompañado la obra de artistas como Francisco Zúñiga, Francisco Amighetti, César Valverde y Enrique Echandi, entre otros. Además, acertado discípulo, ha rescatado el pensamiento de sus maestros en ensayos como La clara voz de Joaquín García Monge, Explosión creadora y Perfiles al aire, en el cual recoge sus encuentros con García Monge, León Pacheco y Carlos Salazar Herrera, respectivamente.

 

Enciclopédica y amena a un mismo tiempo, tan tierna como inteligente, su obra merodea los cien títulos, y muchos de ellos con varias ediciones.

 

 

 

 

 

 

Con el Ferrero escritor ha ido siempre, infaltable, el Ferrero polemista; en sus escritos en libros y periódicos, y en sus declaraciones públicas: no ha perdido oportunidad para poner los puntos sobre las íes en cuanto a los hábitos costarricenses, especialmente los de sus políticos y sus artistas. Bien afirmó en algún momento que el propósito de su obra es "que la realidad histórica -un devenir, un asunto de autoestima- sea comprendida sin esquivar el combate". Y en consecuencia ha vivido y ha hecho.

 

"Buscar la raíz, que nos mantiene firmes y hace posible tomar energías, crecer, pensar y reproducirnos, y nos da identidad"

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y qué fue de los amerindios?

 

Durante el siglo 16, el actual territorio de Costa Rica habría de jugar el rol de una zona de amortiguamiento, al igual queen el período precolombino había sido una zona fronteriza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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