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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 05/10/2007

 

 

 

 

 

 

 

La toma de los vapores y fortalezas del Río San Juan

 

 

 (Capítulo 9)

 

 

 

 

 

"Explosión del J.N.Scott. Imagen: MHCJS"

Debido a las discrepancias entre los aliados, el 16 de diciembre el general José María Cañas se ve obligado a desocupar la ciudad de Rivas. Esto lo aprovecha William Walker para trasladar a dicho sitio  el cuartel general que tenía en  San Jorge. Entre tanto, dejó al Segundo Batallón de Infantería en el puerto de La Virgen.

 

 

 

 

 

Mientras los aliados discutían entre sí, la situación de Walker en Rivas mejoró. No solo tenía recursos abundantes de toda clase, sino que también poseía los vapores del lago y del río San Juan. Además, la Vía del Tránsito le proporcionaba nuevos reclutas de los Estados Unidos. Walker fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistematizó su artillería e instaló un taller de fundición para fabricar balas para cañón.

 

 

 

 

 

De acuerdo con la estrategia del ejército costarricense, en diciembre de 1856, se comisionó a Pío Alvarado para que reconociera la región comprendida entre El Muelle y el fuerte de San Carlos, al mando de 19 hombres. Mientras estaba en la región, este destacamento fue atacado dos veces por un grupo de indígenas malekus, quienes defendían el territorio que habitaban desde la época colonial.  

 

 

 

 

 

El 15 de diciembre, 600 soldados, el grueso del Ejército Expedicionario costarricense, salieron de San José para operar sobre el río San Juan. El grupo estaba a cargo del general José Joaquín Mora Porras. Con anterioridad, una vanguardia del ejército costarricense compuesta de 200 soldados había salido de San José a maniobrar en el río San Juan. La dirige el teniente coronel Pedro Barillier y el mayor Máximo Blanco. En calidad de asesores iban los capitanes George F. Cauty, inglés, y el estadounidense Sylvanus H. Spencer.

 

 

 

 

 

Siguiendo el plan trazado, el 22 de diciembre la tropa costarricense de vanguardia avanza hacia La Trinidad, punto en poder de los filibusteros y localizado en la confluencia de los ríos Sarapiquí y San Juan. El grupo estaba integrado por cerca de ciento quince hombres y esperaba ochenta más que los seguían. 

 

 

 

 

 

A 500 "varas" del campamento enemigo, se elaboró el plan de ataque: el general Máximo Blanco debía llevar treinta hombres por la derecha, y a las primeras descargas, Spencer y Fernández atacarían con los cien hombres restantes por la izquierda.  Máximo Blanco dividió sus treinta hombres en cuatro guerrillas; se adelantó solo para observar el campo enemigo: era una extensión cubierta de platanillo, donde los filibusteros habían construido dos trincheras. En ese momento se hallaban entretenidos a lo largo de una gran mesa. Unos jugaban a las cartas y otros descansaban. El súbito ataque de los costarricenses les impidió actuar con rapidez.

 

 

 

 

 

En la madrugada del día siguiente un grupo de 45 soldados, dirigidos por el mayor Máximo Blanco, el coronel Francisco Alvarado y el capitán Sylvanus H. Spencer, tomaron por sorpresa Punta Castilla, en la bahía de San Juan del Norte y se apoderaron de los vapores Wheeler, Machuca, Morgan y Bulwer, que estaban al servicio de los filibusteros. Luego remontaron el río.

 

 

 

 

 

El 26 de diciembre, el ejército costarricense se apoderó del Castillo Viejo -fortaleza construida por los españoles para defenderse de ataques de ingleses y piratas- y del vapor J. Ogden, que estaba anclado en el raudal del Toro. Al día siguiente, la vanguardia del ejército costarricense captura el vapor Virgen, el cual transportaba municiones y pertrechos de guerra para los filibusteros. Esto sucedió en Dams, un sitio de depósito de leña en el río San Juan. Las acciones continuaron. El 30 de diciembre una fuerza de 45 soldados costarricenses se apoderó del fuerte San Carlos, situado en la desembocadura del río San Juan. Finalmente, el control de la vía del tránsito en el río San Juan se completa el 3 de enero de 1857 con la toma del vapor San Carlos.

 

 

 

 

 

Cuando Walker se dio cuenta de la toma de los vapores y de los principales puntos del río San Juan ya era muy tarde. Sobre la importancia de la pérdida de esta vía para el filibusterismo, Walker la consignó después con las siguientes palabras:

 

 

 

 

 

"Los Estados del Sur convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América, enviando a San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses antes [de la toma de los vapores], el establecimiento de los americanos en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."

 

 

 

 

 

Walker tenía la seguridad de que Lockridge, uno de sus mejores jefes, iba a llegar a San Juan del Norte con refuerzos de los Estados Unidos y que podría sorprender a los costarricenses por la retaguardia y recuperar el río. Efectivamente, Lockridge arribó el 9 de enero a San Juan del Norte, a bordo del Vapor Texas, que conducía doscientos filibusteros bien armados, y ocupó el Puerto. Poco después otros cuarenta hombres con armas y pertrechos llegaron en el vapor James Adger. Además, otro vapor viejo que estaba abandonado fue reparado para incursionar sobre el río y sorprender a los costarricenses. 

 

 

 

 

 

El 4 de febrero el vapor Texas regresó de Nueva Orleáns con ciento ochenta hombres más. Así, Lockridge formó una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales se embarcó en el vapor recién reparado. Los filibusteros realizaron tres intentos en La Trinidad.  Primero inspeccionaron las posiciones y los medios de defensa con que contaba el general Blanco. En la punta de Cody, frente a la desembocadura del río Sarapiquí, los filibusteros encuentran a los costarricenses sin municiones y de 250 hombres, sólo quedaban 100; las bajas habían sido causadas por el hambre, las enfermedades y la deserción. Para entonces era el 13 de febrero. La precaria condición de los costarricenses provoca que el puesto sea abandonado al anochecer. Sin municiones y muy maltrechos los costarricenses se retiran camino al Sarapiquí.

 

 

 

 

 

Los filibusteros siguieron avanzando e intentaron asaltar sin éxito el Castillo Viejo. El coronel Cauty y el teniente coronel Montes de Oca, con 37 oficiales, inesperadamente se vieron rodeados por más de 200 filibusteros. Los costarricenses resistieron desde el 16 hasta el 18 de febrero.

 

 

 

 

 

Un refuerzo de soldados costarricenses enviados desde el fuerte San Carlos obligó a los filibusteros a replegarse a la punta de Cody. Éstos se habían apoderado del vapor J. N. Scout; no obstante, como no podían avanzar, Lockridge decidió regresar a San Juan del Norte e intentar llegar a Rivas por Panamá y juntarse con Walker. Sin embargo, en el camino explotó la caldera del J. N. Scott y mató a la mayor parte de los expedicionarios. Con este desastre renunciaron a toda tentativa de llegar a Rivas.

 

 

 

 

 

Cuando el general José Joaquín Mora conoció en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió una tropa al mando del coronel Cauty a San Juan del Norte a perseguir a los supervivientes de la expedición filibustera. Llegaron el 11 de abril a San Juan y capturaron el vapor Clayton que estaba en el muelle.

 

 

 

 

 

Ese mismo día, los costarricenses e ingleses se pusieron de acuerdo en la repatriación de los filibusteros a los Estados Unidos por cuenta del Gobierno de Costa Rica. En consecuencia, el 13 de abril los 350 filibusteros que estaban en Punta de Castilla fueron trasladados a los buques ingleses de guerra Cassack y Tartar para ser conducidos a los Estados Unidos.

 

 

 

 

 

Edición general: Oficina de Prensa MCJD

 

 

Textos y revisión: Antonio Vargas Campos, historiador del MHCJS

 

 

Más información sobre la Campaña Nacional en la página web del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría: www.museojuansantamaria.go.cr 

 

 

 

 

 

Fuentes

 

 

 

 

 

 

 

 

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