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Ministerio de Cultura y Juventud

Fecha de última actualización: 05/10/2007

 

 

 

 

 

 

 

"William Walker. Imagen

del MHCJS"

William Walker relató así el desarrollo de esta batalla en su libro La Guerra de Nicaragua

 

 

 

"Sanders que iba a la vanguardia, puso en fuga una pequeña avanzada a la entrada de la ciudad, marchando a paso precipitado, entró a la plaza lanzándose sobre la calle en donde estaba la casa ocupada por Mora.

 

 

 

 

 

El enemigo tomado por sorpresa, apenas había comenzado a contestar el fuego de los rifleros, cuando estos se apoderaron de un pequeño cañón de bronce, que estaba en medio de la calle, como a mitad del camino entre la plaza y el almacén de los costarricenses. Las tropas de Sanders dando gritos por la toma del cañón, lo llevaron a la plaza, pero mientras tanto habían dado tiempo al enemigo de reponerse de su sorpresa y el fuego de los costarricenses comenzó a ser molesto. Brewester también había logrado despejar de enemigos el lado de la plaza por donde había entrado y con la compañía del capitán Anderson al frente llevaba adelante su columna hacia las casas ocupadas por los costarricenses. Sin embargo, unos cuantos enemigos armados con fusiles de precisión habían tomado posición de la torre al frente de los rifleros y tanto los molestaron, que finalmente tuvieron que ponerse a cubierto. Natzmer y O'Neal ocuparon las casas a la izquierda de Brewester y hacían excelente efecto conservando su gente bien defendida y dirigiendo un fuego certero sobre las filas enemigas.

 

 

 

 

 

Mientras tanto Machado había caído conduciendo de la manera más brillante sus nativos, quienes después de su muerte tomaron muy pequeña parte en el combate. De este modo, en pocos momentos los americanos tomaron posición de la plaza y todas las casas a su derredor, mientras que el enemigo, encerrándose en los edificios de la parte occidental de la ciudad, sostenía un fuego irregular desde las puertas y las ventanas, lo mismo que de las claraboyas que inmediatamente comenzaron a abrir a través de las paredes de adobes.

 

 

 

 

 

Los americanos por su parte, después que hubo pasado el primer entusiasmo del ataque, fue imposible lanzarlos a asaltar las casas en donde los costarricenses se habían guarecido contra el fuego mortífero de los rifleros. Varios soldados, extenuados a consecuencia de la primera carga, arrimaban sus fusiles a las paredes y echándose al suelo no era posible lograr de ellos el más pequeño esfuerzo. Cuando el coronel Fry llegó con su reserva, se hizo un empuje para que cargasen sobre la casa de Mora. Pero Fry y Kewen (...) en vano quisieron lanzarlos al ataque. El abatimiento de las compañías, que estaban jadeantes por la primera embestida, se comunicó a las tropas de refresco y fue imposible conducir la más pequeña parte de ellas a renovar el ataque con el vigor con que había comenzado.

 

 

 

 

 

Los pocos soldados de caballería mandados por el capitán Waters habían puesto pie a tierra al principio de la acción y tomando parte en ella. Young Gillis, intrépido oficial de la compañía de Waters, ya había caído y el capitán ocupando la torre de la iglesia en la parte oriental de la plaza, podía vigilar ventajosamente los movimientos del enemigo y molestarlo con sus rifles. También algunos de los soldados de Sanders habían subido a los techos de las casas al occidente de la plaza, de donde daban buena cuenta de él.

 

 

 

 

 

Sin embargo, pronto se vio que se necesitaría días para arrojar a los costarricenses de las casas ocupadas por ellos después que se rehicieron de la primera sorpresa, especialmente porque las fuerzas nicaragüenses carecían de artillería y hubiera tenido que contar sólo con el pico y la barra para abrirse paso al través de las gruesas paredes de adobes.

 

 

 

 

 

Era evidente que Mora se hallaba apurado, pues varias veces durante el día se había visto ingresar a Rivas, tropas costarricenses de San Juan y de La Virgen. El Presidente había concentrado todas las fuerzas de que podía disponer en el departamento para rechazar el ataque de los americanos. Pero cuando el enemigo vio que los nicaragüenses no avanzaban tomó la ofensiva y se propuso entrar en una casa al norte de la plaza, de donde podían dirigir un fuego destructor contra el flanco izquierdo de los americanos. Este movimiento fue impedido por el teniente Gay con otros, la mayor parte oficiales que se prestaron voluntariamente para este servicio. (...) Nadie pensaba en la distinción de rango y cada uno iba adelante con su revólver dispuesto a hacer en la refriega la parte de un verdadero soldado. No más de una docena de hombres se lanzaron a rechazar a más de cien, y la carga que dieron barrió completamente al enemigo. (...)

 

 

 

 

 

En la tarde el enemigo incendió algunas de las casas ocupadas por los americanos y el fuego de sus rifles desde una torre al frente de la columna de Brewester, comenzó a hacer difícil la comunicación entre la parte oriental y occidental de la plaza. Como también ya se acercaba la noche, comenzó a debilitarse el fuego por ambas partes, extenuadas por la excitación y la lucha del día. Mientras tanto Walker se preparaba para la retirada y ya caída la noche, los heridos inutilizados fueron llevados a la iglesia hacia la parte oriental de la plaza. En seguida se mandaron reconcentrar poco a poco las varias compañías al mismo punto, dejándose unos cuantos hombres en las casas incendiadas para impedir que el enemigo estorbase el movimiento de los americanos. Los cirujanos examinaban a los heridos y los que eran declarados serlo mortalmente, fueron dejados en la iglesia cerca del altar, dándose a los demás, caballos para la marcha. Era ya pasada la media noche cuando estuvieron terminados todos los preparativos, y la columna, lenta y silenciosamente desfiló de la ciudad, los heridos en el centro, estando el mayor Brewester al mando de la retaguardia."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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